-Este relato está basado en hechos reales y “virídicos”-

Bajando por el ascensor a mi plaza de garaje, me encontré por casualidad con Don Francico y su ABC debajo del brazo, un vecino ya jubilado, setentañero, con pelo blanco, bigote blanco y calva “vips” (calva con melenita rizada “distinguida”)

Ya me había dicho el portero, con el cual me une una gran amistad por un módico precio, que el buen hombre de don Francisco le preguntó hace unos días, con un tono socarrón e irónico, por esos que tocan la flauta en el bajo- ¿Cómo era posible vivir en esta urbanización, tocando la flautita…?.

Así que me fui haciendo la idea de que en cualquier momento don Francisco me cogería por banda para cotillear, desahogarse y tirar de la cadena.

Efectivamente, no tardó mucho en llegar aquella situación. Como ya dije, me dispuse a coger el ascensor para ir a mi plaza de garaje cuando al abrirse la puerta apareció el susodicho:

Ascensores%20aereos-¡ Buenos días! ¿Va usted al garaje?

-¡Buenos días¡, efectivamente , al 2º garaje, por favor¡

Yo creo que el buen hombre tenía intención de salir a la calle pero no pudo evitar quedarse en el ascensor y despejar incógnitas. Intuía que se le hacía la boca agua y que iba a tener carnaza para chismorrear con sus compañeros de petanca.

-¡ Pues muy bien hombre!, ¿Va usted de viaje?

– No, me voy a trabajar, este maletín rodante lo llevo lleno de libros y partituras.

– ¡Ah¡ ¿es usted músico?

– Si .  (¡ Oh no, caramba! sin querer, ya le di la punta del hilo para que tirara de la bobina)

– ¡Qué bonito! ¿ Y qué toca?

– Pues.. toco…¡ la flauta!.

4705578-adorable-nino-jugando-mas-de-una-flauta-de-fondo-blanco– ¡Qué casualidad! ¡ Mi nieto la toca de maravilla!. El otro día estuvo en casa y nos tocó la canción de “los Pollitos”. ¡Es que es tan listo!- ¡y la sacó de oído el machote!. Desde luego que le ha salido a su abuelo porque yo llevo la música en las venas. Toqué la corneta en la Banda de Caballería de Marina , en la Compañía 42, en Madrid. ¿Por cierto…, y no le hubiera gustado más tocar otra cosa más grande? ¿El piano por ejemplo?.

– Pues mire no, el piano es que me cuesta un poco más trabajo de transportar ¿sabe?.

-¡Claro, claro, que majete y que gracioso es usted¡- ¿y no le hubiera gustado usted estudiar una carrera como “Dios manda”? Porque… ¡claro, con esto de “los pollitos”…! ¡el bolsillo…!, ¿Verdad? .

De repente el ascensor se estropeó y nos quedamos parados entre dos plantas. Tenía el tiempo justo para llegar al conservatorio y me avisaron desde la portería que la cosa iba para rato pues se había estropeado la “ junta la trócola de ascensión” y que tenían que traerlas del almacén que tenían en Getafe. Además, la cosa se complicaba pues era festivo, San Isidro, y a estas verbenas se apuntan hasta los budistas.

Ya con un poco de sarcasmos le dije al del telefonillo que no se preocupara que estaba en buena compañía y que esperaríamos con paciencia. ¡Menuda compañía! ¡La del 42!.

Al abuelete del 42 parece que le “puso” aquella situación , se colocó bien la dentadura y empezó a sacar su artillería pesada: Así que la flautita…y ¿Por qué toca usted la flautita…? ¿No será usted  perroflauta?.

perro flauta

– Mire, toco la flauta y más que un perroflauta soy un funcionarioflauta que “pa” que el caso es lo mismo, estamos siempre molestando a los ricos de turno. Y no sólo yo, mi mujer es también perra-flauta. Mire, mi psicólogo,el  que me trató cuando sufrí la “pitopausia” (es una enfermedad muy común en los flautistas de género masculino que les suena la flauta con un timbre muy chillón y que se empeñan en tocar constantemente como si los que los escucharan estuvieran sordos, como era mi caso) me recomendó que para tener una vida sana y equilibrada en todos los sentidos,  era aconsejable arrejuntarse con el mismo tipo de animal. ¡Imagínese, que me amancebo con una tigresaflauta o una lobaflauta¡.Y eso sí, evitar en todo lo posible constituir una familia “monoapiretal” pues el carácter se suele agriar bastante al igual que el sonido de la flauta. (para los amantes de la historia deben saber que la familia “monoapiretal se permitió en el siglo XIX gracias a la intervención del Obispo de Dalsy en el Concilio de Bayer)

– Don Francisco, con los ojos ensangrentados, se desabrochó el cinturón y.. ¡ancha es Castilla! -Pero es que mi época era otra cosa…nos destrozábamos las manos para ganar cuatro perras (no flauta) y claro ahora nos hemos vuelto muy señoritos con tanta flautita…¡tendríais que coger el pico y la pala y sudar la camisa hombre! ¡son ustedes los señoritos de España! ¡si Franco levantara la cabeza …¡ vagos, niños de papá!. – Mi hija Piluca sí que hizo carrera, se casó con un notario,  Don Julio Sánchez de Berberana, el que tiene la notaría en ese edificio enorme blanco de la calle Serrano¡ Pilucacuca tiene 7 hijos ¡Ya “tié trincá” bien la notaría, ja,ja!, ¡Ahora…! ¡Lo suyo le ha costao!

la-cabinaEn ese momento la cabina del ascensor se me empezó a hacer cada vez más pequeña, empecé a recordar la película de Jesús López Vázquez “La Cabina” y comencé a sentirme peor que un claustrofóbico en una manifestación del 15M dentro de un submarino. Todo empezó a darme vueltas, aquel  calor sofocante y la sonrisa siniestra de aquel asesino en serie de perrosfuncionariosflauta estaban a punto de acabar con mi vida.

Por fin llegaron los de OTIS con la “junta la trócola” , abrieron el ascensor y  el abuelete dio un saltito, salió del ascensor todo contento como el cazador paciente que sabe que tendrá más oportunidades para cazar la valiosa pieza. Por hoy ya había tenido bastante -¡menudo pájaro!.

Así que desde aquel preciso momento, tomé una firme decisión,  bajar siempre al garaje por la escalera. Alguna vez, cuando veo a don Francisco por la ventana, toco “los pollitos” en octava alta para que me oiga y así animarle el día y tocarle un poco las narices.

Antonio perroflauta Ahora ya, librado de espanto, cuando un vecino curioso me pregunta en qué trabajo, le digo que “toco los pollitos con la flautita” y lo de la casa…¡¡ es que mis padres son marqueses!!- y no sé que se les debe pasar por la cabeza pero en ese mismo instante dejan el tema para salir por patas. ¡Qué mala es la envidia!, ¡aunque he de confesarlo!, ¡Todavía me maravillo y sorprendo  que me paguen por tocar la flauta!

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