_Una vez pregunté a mi espejo: ¡espejito, espejito¡ ,¿Cuál es la mejor marca de flauta? ¿Brannen, Powell, Haynes, Muramatsu, Burkart, Miyazawa, Sankyo, Yamaha, Altus, Lot,  …?

_ El espejo me respondió con otra pregunta: ¿Cuál es el mejor Antonio?

La verdad que en un principio me quedé desconcertado porque no entendía la pregunta. Pasaron los años, cambié de flauta tropecientas mil veces, y seguía resonando en mi interior aquella respuesta en forma de pregunta: ¿Cuál es el mejor Antonio?

Ocurre una cosa muy curiosa cuando probamos flautas y es que en muchas ocasiones, aparentemente, encontramos en las demás flautas lo que le falta a la nuestra. De joven, he caido en muchas ocasiones en ese viejo truco de la mente que te dice: “Antoñito, con esa nueva flauta vas a ser la bomba”. Al principio de tener mi nueva flauta, siempre he tenido un “subidón galáctico” y he alcanzado alturas más altas que nuestra “prima de riesgo”, pero mis bajadas han sido brutales, de igual proporción que las subidas. La flauta que me prometía “el oro y el moro” pasaba a ser una flauta que volvía a recordarme que seguía siendo humano y que con toda certeza mis huesos acabarían siendo polvo.

. ¿Cómo podía ser que con un “flautón”como el que tenía, me ¨rompía” más la cabeza que mi alumno Ismael de 10 años con una flauta “guarripeich kingdong” made in China?

Yo mismo me repetía hasta la saciedad: ¡Jopé, déjate de comerte el coco y haz música¡ ¡prueba a trabajar la “Sonorité” de Moyse haciendo el pino puente y después prueba a respirar de diafragma con la técnica “chimichurri”¡ . Lo probaba todo, pero cada vez que observaba a mi alumno Ismael y lo veía tan feliz, pensaba que la solución no podía ser tan difícil…¡ Qué frustración, Dios mío ¡

Probé todas las técnicas del mundo, consulté a los mejores profesionales y al final siempre llegaba al mismo punto…¡Necesito cambiar de flauta!

 Recordé que años atrás, un día una gran amiga, conocedora de mis “comeduras de tarro”, me dijo, después de escuchar una grabación mía de cuando tenía 19 años: “ ¡por favor, vuelve a tocar con esa frescura¡ ¡vuelve a ser ese joven alegre, atrevido y divertido! ¡Tu forma de tocar desprende VIDA¡” .

Para mi esa frase fue la chispa que encendió en mí una llama que a día de hoy sigue encendida, con más y más fuerza. Empecé a recordar lo que era ser “ACEPTADO”, era volver a sentir una sensación que ya había tenido en otra época y que había perdido. Pensaba: “si a mi amiga le encanta como tocaba con una flauta que no la haría sonar ni James Galway, ¿ por qué quiero yo cambiar de flauta? “ . A partir de ahí mi vida dio un giro de 180 grados, era como si hubiera tirado por la borda todo lo que había aprendido durante años de formación y convertirme en ese jovencito que fui un día.

Tanto me impactó aquel hecho que decidí emprender un viaje interior para intentar COMPRENDER-ME. Es curioso, puedo afirmar con rotundidad que todos mis VIAJES EXTERIORES para “estudiar” con profesores HD eran en realidad “huídas hacia delante” para no ver quien realmente era. Aprendí mucho de ellos pero en el fondo sabía que lo que más necesitaba era otra cosa, necesitaba encontrarme, rescatar a aquel “niño” que fui.

Comprendí que cambiar de flauta suponía un nuevo intento de cambiar-me . Yo quería ser de otro, estar por encima del bien y del mal, proyectar con mi flauta una imagen de mí irreal, impecable, sin defectos.

Ahora mi flauta me encanta, ya sé que no es perfecta, pero ¡Me encanta! Cuando me miro al espejo ya no le pregunto si soy el más guapo del lugar, veo mis arrugas, veo el paso del tiempo en mis manos, mis canas…. Una voz surge desde mi interior: “ ¡ No eres el mejor pero no hay nadie mejor que tú ¡”.

¡Ah! ¡ por cierto!, esa amiga de la que hablo es hoy en día mi esposa, ¡Qué bonito¡ ¿verdad?

 -BRICONCLUSIÓN: La mejor marca de flauta es la que estás tocando en estos momentos.

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