Recuerdo que a los 17 años, cuando era joven de edad y viejo de espíritu, seguía al pie de la letra todo cuanto me decían mis profesores, era un chico muy obediente y sumiso. Ahora continuo siéndolo, sólo que soy consciente de ello. En aquella época me programaba el estudio diario de flauta como el que escribe una receta de “pollo al chilindrón”:

1º- Se prepara la flauta a la 10:10 AM, tras 15’ de calentamiento con ejercicios varios previamente seleccionados y programados.

2º- Paso a trabajar las escalas, arpegios…con distintas articulaciones, durante 1hora y 30 minutos,

3º- Tras 15 minutos de descanso y  diversos estiramientos, lucho contra un estudio melódico durante 1 hora.

4º- Y por último, ya con los labios y la lengua como un senegalés comiendo guindillas, machaco la obra durante otra 1 hora y 30 minutos.

TOTAL: 4 horas y 30 minutos. A  esto hay que añadirle el tiempo que tardas en limpiar la flauta,  culpabilizarte (en la pedagogía HD se llama “LSD”, es decir, “latigazos sin descanso”) por no haber conseguido el nivel que deseabas y recuperarte del mal rato, total, unas cinco horas y media.

  ¿Cómo era posible que con todo el tiempo que dedicaba al estudio, la mayoría de los días me sentía frustrado y ansioso, con la sensación de no conseguir nunca la plenitud que en el fondo anhelaba? .

A medida que pasó el tiempo, empecé a hacerme más mayor , ¡¡Qué cosas! ¿no?…, y a tener más responsabilidades: el trabajo, los hijos, Mercadona,   …., mi tiempo de estudio diario se redujo aproximadamente a lo que se tarda en leer un cuento de mi hija pequeña que sólo tiene dibujos, pero…¡ATENCIÓN!  milagrosamente empecé a tocar y a disfrutar de la flauta como nunca lo había hecho antes. Los 30 minutillos de un día los rentabilizaba más que todas las horas que había invertido en estudiar en la época de juventud.

¿Qué estaba pasando? Tenía la sensación de que algo me había faltado en aquella época en la que mi única responsabilidad era apagar el gas cuando me hacía una tortilla a la francesa -por cierto, se llama a la francesa porque es más ligera que la española que es de patata; pasa igual con la articulación, por eso yo prefiero la española, sin duda.

Empecé a tener cada vez con más frecuencia estas experiencias de plenitud y felicidad cuando estudiaba la flauta .Cada vez estaba más motivado, se abría una nueva etapa y encontré por primera vez el sentido que tenía en vida estudiar la flauta.

LA ENTROPÍA Y LA NEGENTROPÍA PSÍQUICA

La calidad de vida depende en gran parte  de lo que uno hace para ser feliz. Las emociones hacen referencia a estados internos de conciencia. Las emociones negativas como la tristeza, el miedo, la ansiedad o el aburrimiento producen “entropía psíquica” en la mente, es decir, un estado en el que no podemos utilizar eficazmente la atención para afrontar tareas externas como, por ejemplo, tocar la flauta, porque la necesitamos para restaurar un orden subjetivo interno. Las emociones positivas como la felicidad, la fuerza o la actitud alerta son estados de “negentropía psíquica”, porque al no necesitar la atención para rumiar pensamientos tóxicos a cerca  de nosotros mismos, la energía psíquica puede fluir libremente hacia cualquier pensamiento o tarea en que decidamos encaminarla.

Para entrar en un estado de “negentropía psíquica” en el estudio de la flauta, el tiempo  y la intensidad con que mantengamos nuestras METAS están en función de la MOTIVACIÓN. Es decir,  si estamos motivados durante el tiempo que estudiamos, nuestra energía psíquica estará encaminada al 100% en hacer lo que estás haciendo en ese momento; puede ser el estudio de un determinado pasaje difícil, la calidad del sonido en una nota determinada, buscar un punto de tensión en el fraseo…

 Es importante, por lo tanto, aprender a proponerse metas que desarrollen la autoestima, pues en muchas ocasiones ésta depende del grado de expectativa del resultado. Un flautista puede desarrollar mucha infelicidad proponiéndose metas muy altas que producen una sensación constante de frustración y fracaso. Por lo tanto es muy positivo plantear en nuestro estudio diario metas a muy corto plazo, de esta forma nuestra energía psíquica se centra rápidamente. APRENDER A MANEJAR LAS PROPIAS METAS constituye un paso y una habilidad muy importante para lograr un aprendizaje eficaz en el estudio de la flauta.

 Por ejemplo, si estudias el libro de Marcel Moyse, “Gamas y Arpegios”, si no estás muy habituado a trabajar este tipo de libros de una forma fluida, te puede resultar frustrante plantearte los ejercicios a una velocidad alta. Es mucho mejor comenzar con unos cuantos compases de un ejercicio y emplear toda tu energía psíquica, por ejemplo, en observar el movimiento del dedo meñique cuando pasa de do# a re (grave). Al trabajar de esta forma, en poco tiempo, la propia retroalimentación  que conlleva el trabajar concentradamente , te llevará a avanzar mucho más rápido de lo que te puedes imaginar.

Otro ejemplo de cómo se produce esta retroalimentación “milagrosa”, lo puedes experimentar cuando simplemente OBSERVAS cómo emites la columna de aire cuando centras toda tu atención en un simple compás de un ejercicio sobre el sonido o sobre  unas cuantas notas de una melodía que te gusta y que contiene material interesante para trabajar el sonido. Es mucho más efectivo la OBSERVACIÓN durante unos minutos  que el trabajo programado de ejercicios más extensos que nos llevan a plantearnos inconscientemente que la meta es el ejercicio en sí y no lo que queremos conseguir en nuestro color o en otra característica de nuestro sonido. En mi caso, trabajo en muchas ocasiones el principio del “Cantabile et Presto” de G.Enesco para conseguir el color que deseo en esa tesitura del registro grave, y es sorprendente cómo en un par de minutos mi registro grave está colocado donde me gusta. Toda mi energía psíquica se encamina hacia un solo fin.

LO IMPORTANTE EN SÍ NO SON LAS METAS SINO QUE LAS METAS PONGAN ORDEN A NUESTRA CONCIENCIA PARA PODER CONCENTRARNOS EN TOCAR LA FLAUTA. Estas metas son las que logran focalizar la conciencia, es decir, las que logran que nos concentremos en lo que estamos haciendo. Depende de cada flautista el tipo de metas que se deben plantear y en este aspecto es muy importante desarrollar “un sexto sentido”.

LA EXPERIENCIA HD.

¿Alguna vez tocando la flauta has sentido que lo que sentías, deseabas y pensabas iban al unísono? pues si es así, has conseguido , lo que llamamos, una “Experiecia HD”. Es una sensación de acción sin esfuerzo, los místicos la llaman entrar en “extasis” y los atletas “being in the zone”. La “experiencia HD tiende a producirse cuando las capacidades de un flautista están plenamente involucrados en superar una meta que es posible afrontar. Si las metas son demasiado altas o demasiado bajas con relación a nuestras capacidades nos podemos sentir frustrados o aburridos.

Amigos de Brico Flauta, he de confesaros que hay días en que me suena la flauta como el “Kulhau”, tengo la sensación de haberme dejado  el palo de la flauta con el trapo  y las partituras dentro y tengo la sensación de que la EXPERIENCIA HD la tengo más lejos que un jamón “5 Jotas de Jabugo” esta Navidad sin paga extra. En estos casos, es aconsejable tener a mano un kit de “autocompasión” como antídoto al bombardeo de LSD (latigazos sin descanso) al que seguramente vas a estar sometido. No somos máquinas y es completamente normal que uno se levante de cuanto en cuanto con el pie izquierdo o  el labio torcido que viene mejor al caso. Además, es muy sano que de vez en cuando, morder el polvo para experimentar que somos de carne y hueso, y que no estamos por encima del bien y del mal.

 La EXPERIENCIA HD hace que tengamos una sensación del tiempo distorsionada, parece como si el tiempo pasara más rápidamente y estamos tan implicados en lo que hacemos que más que sentirnos felices nos sentimos plenos pues desaparece la conciencia de uno mismo. En esta situación no hay cabida para los pensamientos tóxicos o que nos pueden distraer. Sólo después de haber tenido esa experiencia es cuando, echando la vista a atrás, consideramos lo que ha sucedido y entonces nos vemos inundados de gratitud por la plenitud de esa experiencia; es entonces cuando podemos afirmar que somos retrospectivamente felices.

Esta es la experiencia a la que estamos llamados a tener TODOS los flautistas, es el último peldaño de la escalera que debes intentar subir, independientemente del nivel que tengas.  Cuando alguien me pregunta por qué toco la flauta, yo le contesto simplemente porque me hace feliz hacerlo, porque produce en mi vida experiencias que me hacen crecer como ser humano.

BRICO-CONSEJO: asegúrate de escoger una profesión en la que puedas disfrutar. Si te dedicas a tocar la flauta no lo hagas por dinero o  fama. Si la fama llega, acéptala con sentido del humor y no la dejes pasar al salón. Hacer actividades que nos lleven a la plenitud y felicidad es posible que no te hagan rico y famoso pero seguramente vivirás una vida que merezca la pena ser vivida. Te aseguro que hay muchas personas ricas que pagarían gran parte de su fortuna por vivir esta experiencia.

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