Anoche tuve un “viaje astral” muy interesante. Me encontré casualmente con Marcel Moyse. Conversamos un buen rato y me pareció un tipo muy interesante y divertido.

CYi2z8IWsAA5z2s.jpg-large.jpgHablamos de muchos temas: motos, la Eurocopa, vinos…me llamo poderosamente la atención el comentario que me hizo con respecto al mundo de la flauta: …”nunca me gustaron  las flautas que poseían un timbre predeterminado, me gustaban las flautas en las que yo podía hacer el mío propio. Me gustaba mi flauta porque era sólida, un cilindro vacío en el que podía poner lo que yo quería”.

Me comentó que desde aquí arriba veía el mundo demasiado globalizado: la economía, la política, la moda…hasta la fabricación de  flautas. “Muchos constructores fabrican con unos patrones de sonido muy “impersonales” en el sentido que el flautista poco puede hacer para cambiar el timbre”. Me comentaba, entre risas, que lo podía entender; pues, posiblemente la finalidad de estos constructores era parecida a la suya a la hora de escribir libros para flautistas: puramente económica”. Textualmente me dijo: mucho días me “desternillo de risa” observando a muchos flautistas intentando tocar el libro más soporífero que he escrito en mi vida terrenal,”Technical Mastery for the Virtuoso Flutist”; ¡entiéndeme Brico , a veces, mis noches de soledad eran excesivamente largas.

Me despedí de él con un gran “abrazo astral”, no sin antes trasmitirle la queja de mis alumnos y muchos de mis colegas referente al precio tan elevado de sus libros de la Editoral “Alphonse Leduc” más el 21% de IVA, me comentó que como estaba en el “Limbo” que “pasaba olímpicamente” del IVA  y que no le importaba que los pasara en “pdf” a mis alumnos.

A la mañana siguiente, cuando me desperté, estaba un poco aturdido y no me quitaba de la cabeza aquel maravilloso encuentro astral. Realmente he podido experimentar, a lo largo de mi vida, lo que pensaba Marcel Moyse a cerca de la fabricación de flautas.  Estoy de acuerdo con él en el aspecto de que hay flautas que suenan muy bien pero que definen demasiado el timbre, no dejando demasiado espacio para desarrollar nuestro sonido. Flautas que “maquillan” demasiado el sonido, dando lugar a una coloratura demasiado superficial.

Incluso hay cada vez una mayor tendencia a tocar con flautas fabricadas en madera porque se echa de menos un sonido más “natural”, aunque en mi opinión pocos fabricantes de flautas de madera consiguen tal propósito y mucho siguen fabricando flautas de madera con los mismos patrones de sonoridad “moderna, maquillada  y globalizada”.

Lo que está pasando en el mundo de la flauta, no es sino una imagen de la escala de valores predominante en el mundo en general. En estos tiempos, la imagen es muy importante y contribuye decisivamente en la venta de un producto. Pero en muchos casos la imagen no se corresponde con lo que hay en el interior, el coche  que el primer día te parece espectacular y al tercero suena más que la maracas de Machín, la persona que conoces y te deslumbra con su luminosidad con su “sonrisa profident” al segundo día se convierte en un “personaje negro y siniestro”, los tabiques de pladur con que se fabrican muchas viviendas actuales son tan “bonitos y frágiles” que si haces un agujero para colgar un cuadro acabas comiendo con tus vecinos…en fin…un mundo donde la belleza es fugaz y lo que importa es la apariencia.

Y yo me pregunto:¿Es tan difícil hacer un tubo donde uno pueda plasmar su propio sonido?

He constatado como fabricantes que construían de una forma excepcional hace 20-30 años, ahora construyen mucho peor, en el sentido de que sus flautas han perdido gran parte de la belleza sonora que poseían. ¿No será que en el fondo se construye intencionadamente flautas que producen una sonoridad muy “maquillada” porque necesitamos “MAQUILLAR-NOS”, es decir aparentar algo que no somos? .

Sin embargo, rompo una lanza a favor de muchos artesanos actuales, que construyen desde otra perspectiva, para mi, mucho más auténtica. Estos constructores no venden “tropecientasmil” flautas al año, no les importa tanto la economía y sí sus cánones de “belleza natural sonora”. Es curioso el hecho de que muchos de estos fabricantes estén pasando por una situación económica muy delicada a pesar del alto nivel con que construyen. Es complicado salir del círculo vicioso en el que se encuentran pues ocurre muchas veces que “no venden flautas porque no venden flautas”, es decir, en el pensamiento colectivo está muy arraigada la idea errónea, en muchos casos, de que si algo no se vende es porque no tiene suficiente calidad. Es un tema un poco complicado y delicado, pero estoy seguro de que si estos artesanos pudieran “sobornar legalmente” a algún flautista influyente en las masas, “otro gallo cantaría”.

¿Brannen ó Muramatsu? ,¿Arista ó Sankyo?, ¿Burkart ó Pearl? ¿Emanuel ó Sheridan?

¿Yamaha ó Jack Moore? ¿David Straubinger ó Powell? ¿Haynes ó Tom Green? ¿Lopatin o Altus? ¿David Williams ó Miyazawa?, ¿Nagahara ó John Lunn?…

¡NO HAY NADA MEJOR PARA OPINAR QUE EXPERIMENTAR!

¡MI OPINIÓN DE MOMENTO ME LA RESERVO¡ POR CIERTO, SÓLO LA SABE MI AMIGO MARCEL MOYSE¡    AU REVOIR¡

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